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Consumo colaborativo: intercambio de bienes y servicios a través de la tecnología

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La economía colaborativa (sharing economy en inglés), también conocida como consumo colaborativo, es definida por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) en su “Consulta pública sobre los nuevos modelos de prestación de servicios y la economía colaborativa”, como: “Intercambio entre particulares de bienes y servicios que permanecían ociosos o infrautilizados; por ejemplo, las plazas libres del coche en un viaje, el domicilio que queda vacío durante las vacaciones, herramientas que se utilizan una o dos veces tras su compra, etc., a cambio de una compensación pactada entre las partes”. Todo ello, bajo el paraguas de la tecnología y las plataformas digitales, que juegan un papel fundamental en el desarrollo de la economía colaborativa.

Por su parte, el Comité Económico y Social Europeo, en su dictamen “Consumo colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI”, explica: “Es habitual referirse al consumo colaborativo o participativo como la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades. De esta referencia se deriva que el consumo colaborativo o participativo no es ninguna idea nueva, sino más bien el rescate de una práctica que se beneficia de la tecnología actual para que el servicio sea mucho más eficiente y escalable. Al mismo tiempo, el consumo colaborativo o participativo siempre debe realizarse por propia iniciativa y basarse en la participación voluntaria”.

Ejemplos prácticos

Una vez vistas estas definiciones, expliquemos con casos reales qué es la economía colaborativa. Imagina que tienes un coche en propiedad y tienes que realizar un viaje a cualquier punto de España. Te sobran cuatro asientos en el vehículo. ¿Y si anuncias en una web el día y la hora de tu viaje y cuánto cobrarías para que alguien viajase contigo? Pues ya estás practicando consumo colaborativo: compartir un bien tuyo. Así, tú ahorras en tus viajes y otros pueden viajar de una manera más barata. Pongamos ahora que eres tú el que necesitas algo. Te vas de vacaciones y buscas alojamiento. En lugar de un hotel, prefieres otro tipo de vivienda. Ahora, puedes alquilar la casa o apartamento de alguna persona que, durante los días de tu viaje, no van a estar. 

Difusión del término 

El concepto fue acuñado por Marcus Felson y Joe L. Spaeth en 1978, aunque alcanzó una mayor difusión en 2007, con un artículo de Ray Algar titulado “Consumo Colaborativo”. Desde ese año, las distintas modalidades e iniciativas que han ido surgiendo de economía colaborativa le han dado una gran popularidad.

La CNMC, en la consulta mencionada anteriormente, explica a este respecto: “La disminución de la renta y el crédito disponible entre los consumidores como consecuencia de la crisis económica y un cambio cultural que ha supuesto que ‘el uso’ sea cada vez más preferido que ‘la propiedad’, también son elementos clave para entender el auge de este modelo. La economía colaborativa cada vez está más presente en la vida cotidiana de los ciudadanos: se estima que esta modalidad de consumo movió 3.500 millones de dólares durante 2013 a nivel global, lo que supuso un incremento del 25% con respecto al año anterior”.
 

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